Así fomentamos la educación en la excelencia en el colegio Agora International School Madrid

Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito.

En la apasionante tarea de la educación, padres y profesores juegan un papel crucial, ya que de ellos depende en gran medida la motivación de los niños para desarrollar sus intereses intelectuales. Si además del gusto por el estudio buscamos una excelencia en la educación, es fundamental seguir unas bases en el planteamiento educativo familiar, en los profesores, en las programaciones didácticas, en el aprendizaje y sus métodos, en la motivación y en toda actividad docente educativa.

Educar niños responsables, respetuosos, conscientes y con valores, es educar niños libres. No hablamos de un libertinaje, hablamos de una coherencia y un sentido común. Educar pequeños que obedezcan a la primera, sin darles un espacio de reflexión y aportación, es educar en la exigencia. En el colegio Agora International School Madrid buscamos más la norma compartida y los límites consensuados para fomentar su autoestima y crear en ellos el hábito por la excelencia. Somos partidarios de la libertad frente adiestramiento. La educación en la libertad prepara al niño para que encuentre quien le descubra qué es el amor, en una situación de ser amado. La libertad ha de ir creciendo y desarrollándose conforme se avanza y esto se irá consiguiendo, en parte, gracias a un interés personal y a una motivación.

Claves para educar en la excelencia

  1. El arte de escuchar

Para educar hay que escuchar a los que van a ser educados. La razón es simple: no son muebles, sino seres humanos, inteligentes y libres, protagonistas de su propia educación.

Escuchar es un arte porque a veces no es sencillo saber cuándo y de qué manera debemos hacerlo, ni cómo hemos de proceder a continuación. Como criterio general, podemos admitir que el diálogo educativo ha de presuponer buscar y aceptar siempre la verdad. De ahí que la necesidad de escuchar no equivalga a una educación por consenso, pues el mutuo acuerdo no crea el bien ni la verdad.

Dicho esto, hay cuestiones que no se pueden discutir y pactar, es decir, no son negociables. Un profesor ha de escuchar a sus alumnos, pero el contenido de su asignatura no lo deciden entre todos.

  1. La conciencia moral

La educación de la conciencia es ingrediente fundamental de la buena educación, pues educar es en esencia enseñar a distinguir el bien y el mal. Los animales no tienen conciencia, pero el ser humano es animal racional, y esta característica le permite poseer la capacidad de emitir juicios técnicos, estéticos, morales… La conciencia moral es precisamente la que juzga la bondad de los actos propios o ajenos: no el bien o el mal que nos permite afirmar que eres buen dibujante o mal tenista, sino buena persona o mala persona.

  1. Valores bien definidos

Es necesario que estén claros y definidos, que se conozcan y que se practiquen, que sean visibles en los momentos que se pueda. ¿Sabemos cuáles son los valores que reinan en nuestra familia y colegio? Busquémoslos y practiquémoslos. Una buena dinámica para hacer en familia puede ser esa, de una lista de valores elegir los que más nos gustan y queremos poner en marcha.

  1. El esfuerzo necesario

La necesidad de esforzarse no perdona a nadie. Para el filósofo José Antonio Marina, “la cara enfurruñada de un recién nacido pone de manifiesto su extrañeza por encontrarse de repente en el mundo. Ha sido expulsado de una burbuja confortable, del pequeño y cálido mar donde ha flotado nueve meses, y ahora tiene que hacerse cargo de un mundo duro y sin filtros protectores”.

Para manejarse en la vida real, ese ser débil y torpe necesitará el esfuerzo constante del aprendizaje: muchos meses para echar a andar, aprender a vestirse, atarse los zapatos… Por suerte, sus imprecisos tanteos quedarán grabados en su memoria, y cada nuevo movimiento será corregido y afinado desde la última posición ganada. Diez años más tarde, esa patosa criatura podrá dominar varios idiomas y ganar, incluso, una medalla olímpica en gimnasia rítmica.

Ningún profesional de la enseñanza desconoce la incidencia educativa de los hábitos. Por eso se ha dicho que quien siembra actos recoge hábitos, y quien siembra hábitos cosecha su propio carácter.

  1. El sentido común

El sentido común viene a ser un tipo de sabiduría práctica, capaz de englobar e integrar los valores, el esfuerzo, la conciencia…

  1. Una actitud optimista

La educación en la excelencia debe estar basada en la esperanza. La esperanza «dilata el corazón» y nos proporciona una vida más agradable y feliz. Los sucesos negativos no son permanentes, sino circunstanciales. Por ello, es importante tener y forjar una actitud optimista en los niños.

 

Educar en la libertad implica también una serie de exigencias: el diálogo, el fomento del criterio propio, la reflexión, el ser ordenado, y todo ello para conseguir forjar personas responsables. «La sociedad necesita personas responsables y maduras que tomen decisiones, de ahí que la educación en libertad sea la que mejor posibilita que los hombres sean así», explica Julio Gallego Codes, psicopedagogo y orientador escolar, en su libro En busca de la excelencia (ed. Palabra, 2016).

Educar en la excelencia solo es posible si contamos con excelentes educadores, principalmente padres y profesores que alienten a los niños y adolescentes a soñar y a hacer que esos sueños sean realidad. Por un lado, las familias han de ser hogares estables y agradables, donde se forme el carácter, se transmitan valores y procuren la mejor educación afectiva posible a los hijos. Por otro lado, en la vida escolar y académica habrá que enfocar toda la actividad docente en el compromiso por el trabajo bien hecho y en tratar de obtener de cada alumno lo mejor que hay en él. Este es el objetivo como educadores que trabajamos diariamente en el colegio Agora International School Madrid.

01 / 10 / 21