En secundaria, a veces no hay espacio para la educación emocional. Estas son algunas ideas para trabajar las emociones en el aula.

El exigente currículum de los chicos de secundaria deja poco espacio para trabajar otras habilidades y suplir posibles carencias propias de la edad, que también les serán de gran ayuda en el futuro más allá de los conocimientos puramente académicos. Estamos hablando de la educación emocional: aprender a comunicarse correctamente con sus semejantes, expresar sus emociones, aceptar las del resto, trabajar en su propio autoconcepto… es vital para los adolescentes. Lara Sainz, psicóloga del colegio Agora Madrid International School nos explica que “la inteligencia emocional es un pilar en el crecimiento de los niños. Se trata de una asignatura más. Por ello, en cada etapa se trabajan diferentes aspectos, según su edad. Hemos creado una verticalidad desde infantil hasta los cursos superiores, con las actividades que se realizan de forma lúdica acompañadas de ejemplos, juegos y manualidades”.

Sin embargo, la psicóloga nos recuerda que “la familia es fundamental para la generalización del aprendizaje. Es en casa donde ponemos en práctica lo aprendido. Bien sea a través de la imitación cuando son más pequeños o del razonamiento, son los padres quienes van dándole herramientas fundamentales para su desarrollo emocional más allá de las aprendidas o practicadas en las aulas”.

Pongamos ejemplos prácticos de cómo se trabaja la inteligencia emocional en el aula de Agora Madrid International School. “En infantil se comienza con la identificación de las propias emociones -afirma Sainz- con cuentos como Los monstruos de los colores, leyéndolo, poniendo nombre a los sentimientos y aprovechando para adornar los pasillos”. Según van avanzando en edad, “en los cursos de primaria se realizan técnicas simples de relajación y gestión de las emociones. Aprendiendo a controlar nuestros pensamientos. Para que, en secundaria, se ahonden en actividades donde se trabaje en profundidad la autoestima, el razonamiento y la búsqueda de soluciones democráticas…”

Sin embargo, son muchos los ejemplos e ideas de actividades para trabajar la inteligencia emocional en el aula:

  1. Resaltar las virtudes del otro

Durante la adolescencia, es muy importante el grupo: la pertenencia y las opiniones de los demás serán claves para el desarrollo de la identidad y de la autoestima. Una idea para trabajar estos conceptos puede ser recibir opiniones positivas por parte de los demás: se prepara un folio con el nombre de cada miembro de la clase. Cada folio va pasando por cada uno de los alumnos y en él deben escribir tres virtudes del nombre de la persona en cuestión. Así, al finalizar la actividad, todos los alumnos habrán escrito cosas positivas de cada uno de sus compañeros restantes, y habrán recibido lo mismo por parte de todos ellos.

Existe una variante de esta actividad que consiste en recopilar todos los adjetivos calificativos y eliminar los repetidos, hasta dejar un listado de los más representativos. Ese listado puede luego situarse en la mesa del alumno en cuestión, o incluso colocarse en el pecho a modo de distintivo.

  1. La entrevista personal

En parejas, cada uno de los dos miembros debe ir haciendo preguntas al otro sobre su vida, sus gustos y sus inquietudes: qué le produce más alegría, lo que le gusta leer, lo que le preocupa… Estas preguntas pueden ser seleccionadas por el propio profesor, o bien improvisarse por parte de los alumnos. El cuestionario también puede consistir en completar afirmaciones: “Los maestros piensan que soy…” “Mis compañeros me ven como…”

Esta actividad se trata de hacer una pequeña radiografía del contrario, y tiene como objetivo que los chicos y chicas aprendan a darse a conocer, a comunicar sus intereses y a sentirse aceptados y valorados por el otro.

  1. Los test de inteligencias múltiples

Esta actividad no es en grupo, sino individual y puede ser muy útil para el profesorado a la hora de conocer las habilidades emocionales de alumno, su nivel de inteligencia interpersonal y también intrapersonal. Consiste en repartir un cuestionario. En él, cada adolescente deberá evaluar del uno al cinco determinadas afirmaciones. Estos son algunos ejemplos: “Disfruto aconsejando a mis compañeros”; “Me gusta relacionarme con amigos”; “Noto que otras personas buscan mi compañía”; “Tengo un concepto práctico de mis habilidades y debilidades”; “Tengo buen sentido de la autodisciplina”; “Prefiero trabajar solo”; “Expreso acertadamente mis sentimientos”; “Soy capaz de aprender de mis errores y logros en la vida”; “Demuestro un gran amor propio”.

  1. Juegos para desinhibirse

En secundaria, los alumnos están atravesando una etapa vital complicada. A esta edad, por ejemplo, muchos chicos y chicas sienten miedo exponerse en público. Por ejemplo, salir a la pizarra suele ser un reto para ellos porque tienen miedo a su cuerpo y no tienen un autoconcepto formado de su propio físico, y temen que los demás les ridiculicen y se rían de ellos.

Por eso, cualquier juego en el que intervenga la expresión corporal y sirva para desinhibirse y perder la vergüenza será de mucha utilidad para cualquier adolescente: improvisación, juegos de teatro, imitación de animales…

Tutorías personalizadas

Además de estas actividades para fomentar la inteligencia emocional en las aulas, Sainz explica que “se trabajan diariamente de manera trasversal en muchas de las clases, sin embargo, se les da un mayor peso en las sesiones de acción tutorial, donde el tutor/a es el encargado de trabajar aspectos más concretos. Los alumnos crean un vínculo con sus tutores a través de las actividades, convirtiéndose en un referente al cual pueden acudir siempre que lo necesiten”. No obstante, el profesorado cuenta con el apoyo de la psicopedagoga y de la psicóloga del colegio para orientarles y apoyarles.

fdgd

09 / 02 / 22